La Peña La Pítima en su 32 aniversario

Buenas tardes: me vais a permitir dirigirme a todos vosotros como portavoz de los 32 presidentes, de las 32 comisiones que dignamente han representado a la Peña La Pítima a lo largo de más de tres décadas….

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Puestos en retrospectiva, ahora hablo en primera persona, yo tuve el orgullo de formar parte de la primera de ellas y espero estar a su altura. Que nadie piense que mi presencia en este acto responde a ningún protagonismo.

En nombre de todo este colectivo, de sus socios, quiero agradecer al ayuntamiento de Orihuela del Tremedal que haya elegido como mantenedor de las fiestas a la Peña La Pítima.

Sin duda hasta la fecha supone un cambio de inflexión cualitativo en la forma de elección cuando siempre nos han representado personas que de una u otra forma han estado vinculadas a nuestro pueblo pero nunca se había elegido a todo un colectivo.

Nosotros nos sentimos muy honrados de que la corporación municipal nos haya reservado este puesto de honor en primicia y que este gesto suponga un reconocimiento público a la dilatada labor que hemos desarrollado durante varias décadas.

Por lo que a mí respecta, el papel que tengo que desempeñar hoy es incómodo porque intervengo como juez y parte y, como comprenderéis, en este escenario es muy fácil caer en el resbaladizo sendero de la vanidad. Intentaré hacer, pues, un ejercicio de arbitraje lo más justo posible y no caer en un discurso laudatorio.

Voy a dar una breve semblanza de la trayectoria de la Peña La Pítima. Un fenómeno social que surgió de forma espontánea, artificial e improvisada,  Fue algo incoherente que después se moldeó y adquirió forma.

Hay que advertir que la peña La Pítima ya existía antes de 1982. El nombre se lo adjudiqué mediante plagio, porque nuestro querido Vicente el Bobi repetía esta expresión en muchas ocasiones. Sinceramente me gustó. ¿A qué a ninguno os parece mal el nombre? Original, simple y con sabor antiguo. Ya aparece en 1611 en el Tesoro de la lengua castellana de Covarrubias y en el Quijote de Cervantes.

Tiene un amplio repertorio de sinónimos: Bimba, sombrero, chistera, hongo, borrachera, melopea, curda, mona, embriaguez, ebriedad, merluza, tajada, cogorza, moña, llorona, tablón, turca, juma, jumera, pea, manta, pedal, pedo, cuelgue, castaña.

A nadie de los miembros  que la formaban se le paso por la cabeza crear ese gigante que de repente se gestó. Ni a Pascual el pequeño, Valeriano, Millán, Pepe Lechuga, Quico, Rafael, Pablo, Antonio Casas, el malogrado Dani, Víctor el pichón, Pedro el cuco, Paco el borrascas, Ángel Adobes, ni a un servidor.

Dos factores contribuyeron a su bautismo. Paradojas de la vida, la autorización provisional del ayuntamiento para cobijarnos en las fiestas de 1982 en el local del Teleclub, supuso el toque de llamada de otras peñas que se quedaron sin albergue ni sede social. Y por supuesto habría que añadir el roce y las relaciones personales que se desarrollaron en el ámbito de la Asociación Cultural. Experiencia había.

Y así surgió el monstruo de la peña La Pítima, digo monstruo porque al menos yo estuve con el culo preto en aquellas fiestas. Aunque nadie se enteró. Lo disimulamos bien porque la gente estaba en otra nube.

No fue hasta el viernes (recordar que aquellas fiestas se alargaron) cuando tuve la certeza que sobraban unas exiguas 30.000 pesetas de las de entonces, tras rebajar de 100.000 a 50.000 los servicios de la orquesta El Maquinista del General.

 ¿Os acordáis qué cantaba aquella chica?: jazz, samba, boleros… creo que no llegué a seguir ni acertar la melodía de ninguna pieza, porque sinceramente los músicos iban cada uno a su aire (nunca mejor dicho), justos herederos de la orquesta Palancia.

Reconocido el superávit de esta aventura suicida, brindamos el éxito alcanzado con el venenote de champán que había almacenado en la Asociación Cultural y así nos fue. Pindonguillos hicimos una hoguera con tal mala suerte que Miguel Jorge, de grato recuerdo, y yo nos confundimos y chocamos encima de la hoguera.

Resultado: las gafas cayeron en medio de la pira de fuego y gracias al fajín y la pericia de Ramiro el tuberías pudimos rescatarlas. Son anécdotas a toro pasado, pero con sudor frío.

Y así se creó esta obra colectiva en un solo día (si comparáis Dios creó el universo en una semana muy larga). Más de 160 inscritos. Hasta una persona anónima dio mil pesetas para colaborar en este gran acontecimiento. Todos, como en el arca de Noé, colaboramos para montar la barra de la cantina, que ni en el Far West pudieron imaginar: con corcho incluido, todo un lujo.

Ángel Adobes diseñó el escudo que se reprodujo para sucesivas ediciones, otros como Valeriano pintaron  las pancartas al estilo de la vaquilla de Teruel y de las hordas romanas, Mariano elaboró como Asterix y Obelix la pócima mágica y reconfortante del ponche para estimular aguerridos toreros.

Y entre todos se aprobaron cosas que todavía están vigentes: entrega de escudo, pañuelo y casaca, la ofrenda del ramo de flores a la Virgen del Tremedal, el homenaje a nuestros mayores, la comida de hermandad: chuletas con patatas al horno, menudo menú.

Dimos premio al mejor par de banderillas. Hasta nos sobraron perras para contratar un conjunto. Con la charanga quedamos mal. Con una cena en el restaurante La Sierra pagamos sus servicios.

Como podéis apreciar no disfrutábamos de exceso de liquidez e íbamos recortando por todos sitios como podíamos. Era como al ciclista que no sabe cuantos puertos de montaña le restan para llegar a la meta.

No me explico cómo se pudo hacer frente a tamaño desaguisado, cuando sólo se recaudaron en toda una semana de fiestas 67.000 pesetas. Acordaros que teníamos barra libre y sólo pagaban los que no eran socios, pero podéis imaginaros que cuando no se paga del bolsillo todos invitamos gratis. Viva la fiesta. Increíble pero cierto.

Acabaron las fiestas y los ánimos pletóricos. Hasta se pretendió comprar un local propio o construir un edificio, un salón social. Menos mal que hubo posturas más cuerdas porque habríamos ido al precipicio.

Me vais a permitir que de entre todos los presidentes tenga un recuerdo cariñoso para nuestro querido Jacinto o “Cachito”. El fue el segundo presidente, incorporó las fiestas de San Millán a las actividades de la Peña y además fue un firme defensor de la charanga, el atractivo sensorial y mágico de las fiestas. Todo un acierto en su haber.

Pero no todo fue un camino de rosas. Hacer memoria de la polémica de la plaza nueva, el enfrentamiento entre partidarios del modelo de fiesta antiguo: el de las vigas, pajeras, el que se cobijaba bajo el trazo de la tabla con el eslogan: reservado año 1981…

Detractores y defensores de pequeñas cuadrillas que agrupaban a su quinta, a su generación, del paso de circuitos semicerrados, a otro sistema donde el abanico de relaciones personales cobraba una mayor amplitud, nuevos horizontes. Otro conflicto abierto: los bares nos acusaban de competencia desleal.

En su día muchos padres se escandalizaban porque para ellos la Peña La Pítima encarnaba un foco de comercialización de drogas suaves, porros, de contaminaciones etílicas, como nicho autorizado del desenfreno del amor libre.

Aunque hubo voces con una gran visión de futuro. Recuerdo que Celia Montón me dijo: por favor no dejeis que la peña muera, defenderla, será una forma de que nuestros hijos no salgan con el coche, que los tengamos aquí y sepamos siempre donde están. Unas palabras maravillosas de ánimo.

Y de la noche a la mañana la peña La Pítima se convierte en un nicho de amor, en un catalizador de las relaciones entre ambos sexos, en una casa de citas, en otras palabras ¿cuántos besos, cuánto cariño se esconde bajo las paredes de la peña La Pítima, cuántas relaciones, cuantas promesas, cuántas parejas han sellado su compromiso para siempre?.

Y de la mañana a la noche la peña La Pítima se convierte en el espejo de las inquietudes de su juventud, en la bandera de la solidaridad de la sociedad de Orihuela cara al exterior.

Sin pretenderlo la peña La Pítima crea un sentido de marca, un sello de identidad, bajo cuyo paraguas se identifica todo un pueblo, Orihuela. Pasamos de lo singular a lo plural, de lo individual a lo colectivo.

Y año tras año la peña la Pítima se convierte en una academia de contabilidad y gestión gratuita. Ya todos que han pasado por sus juntas han experimentado que no es el debe y el haber, sino que las perricas tienen que estar.

Y tras el fragor de los ánimos exaltados de los inicios vienen los primeros fracasos económicos, cuando nos gastamos más de lo que tenemos o ingresamos menos de lo que tenemos presupuestado.

Y es entonces cuando aflora la verdadera madurez de la peña La Pítima, cuando como una piña se vuelven a sentar los cimientos de sus principios y surge una nueva peña más cohesionada producto de las cenizas de pequeños fracasos imprevistos.

La peña La Pítima ha cumplido un rol social incalculable, porque ha unificado las diferencias generacionales, ha quebrado el tópico de barrios altos con barrios bajos, ha sabido conjugar en un solo proyecto diferentes puntos de vista condicionados por la edad, el sexo, estado civil, casados, solteros…, por contrapuestas lícitas ideas.

Ese perfil democrático que ampara este proyecto común, ha sido otro de los factores que ha contribuido a su desarrollo. Todos tienen voz  y con su voto han apoyado el enorme esfuerzo de sucesivas Juntas, de sucesivos problemas.

La peña aporta colorido a las fiestas con sus banderas, con el colorido de sus uniformes, con el diseño de un disfraz colectivo, con el tronar de su charanga y su pasacalles pidiendo la torta.

Con sus luces y sus sombras, la peña La Pítima ilumina todavía la alegría de las fiestas, exteriorizan su estado de ánimo derramando el vino. ¿alguno de los aquí presentes no ha experimentado lo que es tirar algún tipo de líquido: agua, cerveza, vino…? Pues no saben lo que se pierden, aunque tampoco quiero justificarlo: fíjense en los tomates de Buñol, la tomatina de Tarazona…

¿Alguno de vosotros en las fiestas no habéis cogido prestadas patatas de los huertos, para asarlas bajo la brasa en las gélidas noches de septiembre o matasteis alguna gallina sin tener hambre o gana?. No sabéis lo ricas y sabrosas que están… cuando el hambre arrecia. A veces nos quedamos con lo meramente superficial.

Porque no es lo mismo ser de la peña que vivir o sentir la peña. Es lo que año tras año percibe Mariano el borrascas, el pintor. Os mima, os traslada el sentido paternal que le inunda en su ser, os ofrece ese ponche fresco y delicado, os defiende desde el púlpito de la verdad y la elocuencia. Sin desmerecer a nadie, creo que le debéis un baño de multitudes.

A mi me dais envidia cuando os veo pasar y disfrutar, me siento de los vuestros porque desde otro escaño siento el orgullo de haber formado parte de este colectivo.

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Emblema de la peña con sus rasgos de identidad

Porque la peña La Pítima desprende diez sensaciones: juventud, alegría, pasión, solidaridad, futuro, ilusión, colorido, renovación, evolución y amor, que buena falta nos hace.

Hoy los miembros del consistorio hacen con este acto un reconocimiento público a un proyecto, a un fenómeno de masas todavía inexplicable, a una trayectoria modélica que ha supervivido más de treinta años.

La Peña la Pítima ha dado más que ha recibido y ha sido leal a sus principios, jamás utilizó el arma de la presión social, que legítimamente podía haber utilizado cuando en ocasiones se le ha atacado injustamente.

Padres, hijos, nietos, tres generaciones han desfilado por sus escenarios y han demostrado cómo las instituciones y la energía de la juventud tienen que ir inexorablemente de la mano velando por un objetivo común.

Quizás sea este momento dulce la ocasión propicia, para que de forma recíproca ambas partes sean compañeros de viaje para divulgar y defender nuestro rico patrimonio cultural y paisajístico.

Vosotros los jóvenes debéis dar un paso al frente para sumergiros en los valores culturales que desprende nuestra rica arquitectura popular civil y religiosa.

La Peña La Pítima debe recuperar y usurpar las iniciativas de la recordada Asociación Cultural Oriola. Pasaríais de sobresaliente a matrícula de honor. Es el paso que la sociedad de Orihuela está deseando que deis.

Fijaos en el magnífico escenario de la plaza en la que nos encontramos. Edificios nobles, viejas casonas, la casa consistorial más emblemática de la Sierra, la belleza de la forja, todo presidido por la colosal iglesia parroquial de San Millán.

Lo que para algunos es una envidia nosotros lo debemos transformar en oportunidad. Y vosotros debeis ser los heraldos más persuadidos.

Ojalá las sucesivas generaciones recojan el testigo del espíritu que atesora la Peña la Pítima. Ojalá.

¡¡¡¡¡¡¡ Viva la Peña la Pítima!!!!!!!

Peña_La-Pitima-2014

Fotografía de V. Aparicio publicada en el Facebook de la Peña Pítina

Juan Manuel Berges Sánchez

Orihuela del Tremedal, 13 de septiembre de 2014

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