XIX Encuentro Intercomarcal de Tambores, Bombos y Cornetas, Bronchales 2017

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Buenas tardes, Bronchales os da la bienvenida a las siete cofradías aquí convocadas, para celebrar juntos los decimonovenos Encuentros Intercomarcales de Tambores, Bombos y Cornetas.

En primer lugar os pido disculpas, porque un año más no os queda otro remedio que soportar de nuevo mi discurso, esta vez presente que no ausente, algunos tenemos el don o el infortunio de aparecer y desaparecer como los ríos Gallo y Guadiana, aunque mi esposa se queda más tranquila si os las dirijo en primera persona.

No nos perdamos en el bosque dicho esto y volvamos al hilo narrativo de este acto solemne. Creo sinceramente que 19 ediciones han dado suficiente pie para tratar, desde muy diferentes aristas, el preámbulo de este consolidado poliedro que conforman estas Jornadas. Difícil objetivo no repetir mensajes, en ello vamos a poner todo nuestro empeño.

Seguramente todas las cofradías aquí presentes habéis tenido unos similares inicios, prisioneros bajo el común denominador de la penuria de medios.

A caballo entre dos centurias, corrían los años 2000/2001, aquí la nave de Ramoné tuvo el privilegio de acoger los primeros sones. Alejada del casco urbano se accedía a través de una estrecha calleja sin iluminar.

Un escenario más bien propio de un romántico paisaje medieval, pero en consonancia con el espectáculo de la obra sinfónica que se estaba componiendo, porque no cabe duda que vosotros los cofrades desprendéis cierto efluvio a romanticismo. Al menos a mí así me lo parece.

Escasa iluminación, ausencia de calor y peor acústica, exiguos ingredientes para la puesta en escena de una representación teatral. Faltaba el texto dramático interpretado por los músicos, el susurro melódico que desprende el maridaje armónico de palillos y tambores, de mazas y bombos.

Todos los aquí presentes habréis soportado una situación similar, tocando en la calle sin otra protección que el cielo raso, indefensos ante el frío y el agua y en ocasiones sometidos al juicio sumarísimo de la incomprensión. Porque cuesta mucho, y vosotros lo sabéis, introducir costumbres novedosas. De toque de tambores, a lo sumo anoto la cita de 1928 de Román Molada sobre el tío Toribio, alguacil y músico.

Muchas veces nos perdemos en el discurso generalista, cuando al menos quien os habla se siente más cómodo en un tono más próximo al ensayo que a otro género literario, desnudando lo que hacéis, que no es ni más ni menos que ensalzar vuestros valores a través de las sensaciones que trasmitís a este privilegiado espectador.

Porque inmersos en la compleja escenificación de vuestro mundo, no sois conscientes del papel ejemplar que interpretáis a través de vuestro compromiso con vuestros valores, una expresión que en latín significa “ser fuertes” en vuestras actitudes y conductas ligadas a la excelencia, a vuestra aportación altruista, sacrificio, desafiáis cualquier contrariedad, sois solidarios, firmes e inexorables en vuestras decisiones.

Y fijaos bien, aun voy más lejos: vosotros representáis la responsabilidad, respeto, audacia, alegría, calma, compromiso, compasión, consistencia, cortesía, creatividad, confianza, disciplina, justicia, fe, lealtad, bondad, éxito, apoyo, gratitud…, qué bonitas palabras y aún me quedo corto en los calificativos.

Vuestras cofradías, hermandades, gremios, asociaciones…, promueven el afecto y solidaridad entre sus miembros. La Cofraternitas. Sois dignos herederos de las cofradías de Ánimas, fundadas para empujar al sosiego celestial las almas de pobres humildes detenidas en el Purgatorio. Representáis el espíritu de todo un pueblo que venera vuestro estandarte y estimuláis el desarrollo del ser individual.

Pero además estáis realizando una destacada labor en la recuperación de vuestras tradiciones y habéis elegido un período, la Semana Santa, que es la antítesis de las muestras de exaltación que se pavonean en las fiestas patronales.

Os habéis refugiado en la fría caverna de los últimos días de la semana de la Cuaresma, la Pascua, contagiados por el ayuno y la abstinencia, alejados de la brillantez de los fastos veraniegos.

Y fijaos qué diferencias y semejanzas tan acusadas se presentan en estos dos períodos de contrastes: los roles de la vanidad de las fiestas patronales, frente a la modestia de la Semana Santa, pasamos del agudo tañer de las campanas al humilde sesgo de carraclas y matracas.

Qué significado moral tendrán las campanas en la cultura cristiana, cuando el caudillo musulmán Almanzor trasladó las de la catedral de Santiago a Córdoba, al borde del pánico del cumpleaños del año mil.

Pasamos del bronce o rico metal de la campana, a la madera, esa frágil materia tallada en forma de armatoste de rueda dentada, matracas y carraclas, instrumentos que protagonizan la brillante representación que lleváis a cabo durante los Oficios del Viernes Santo.

Del sonido estrepitoso del campanario, al silencio sepulcral que susurran las capillas de la iglesia.

De la luz y calor que desprende el sol estival, a la penumbra y frio de la soledad que cala nuestros huesos.

De la limpia energía eléctrica que ilumina la faz de los santos, a las pringosas y humeantes velas que deslumbran los pasos. Del andar ligero al marcado y romo paso de los costaleros, que soportan sin aliento las pesadas andas.

De los colores vivos de los mantos de la Asunción y San Roque, al púrpura, violeta, gris y morado…, de las túnicas del Nazareno y de la Dolorosa.

De las caras alegres que lucís en el festivo agosto, al Cristo yacente, al Cristo doliente que no puede reprimir su sufrimiento. De la virgen gloriosa, laureada, celestial, la Asunción, a Jesús coronado de espinas en cuerpo terrenal.

Y aun con todo habéis preferido elegir este período lúgubre, triste, decadente y agónico, amparados en los rítmicos compases apocalípticos que exhibís.

Vosotros, con vuestra disciplina militar, habéis resucitado el alma de las procesiones y, sin pretenderlo, habéis elevado la penumbra que desprende su Vía Crucis al estadio de la revelación, cuando abrazados por los vagos destellos que proyectan las farolas que delimitan el sendero de la procesión, enmudecidos bajo el silencio, aprendemos a salir de la armadura de nuestro espíritu paralizado.

Nos dais la oportunidad en vuestras procesiones de volver a refugiarnos sin ningún temor en el sigilo de la oración, a suplicar, a rezar, cuando nos desprendemos avergonzados del yugo de nuestros pecados, ateridos desde el profundo dolor de nuestros corazones y, cuando fuerzas indeterminadas despejan nuestros miedos, confundidos bajo el tronío del sonido de vuestros pasos, y cobijadas vuestras ánimas bajo el anonimato de vuestros capirotes, ahuyentáis con la armonía de palillos y mazos los espíritus negativos, nuestros temores más ocultos.

La utilización de caretas, ocultar el rostro, ha discurrido paralela a la historia de la humanidad, como remembranza de ritos propios de sociedades agrícolas y ganaderas.

Bronchales ya experimentó en época antigua las representaciones teatrales que fueron el antecedente del cervulum facere o hombre con cabeza de ciervo estudiado en 1975 por el investigador José Manuel Blazquez, a través de una pieza de terra sigillata localizada en nuestro famoso yacimiento romano de El Endrinal.

Las máscaras, el capirote, el mito por purificar, ya viene de antiguo, en el intento del hombre por esconder sus penurias y, cómo no, transformar la realidad de su frágil espíritu como penitentes.

Vuestros capirotes han perdido afortunadamente su relación con un destino fatal, asociados al San Benito de los reos de la Inquisición, para convertirse en prenda litúrgica con claro significado penitencial.

Y tras las tinieblas que preconiza el terremoto que pregona la muerte de Cristo, se abre el cielo y de nuevo suenan las campanas, los rayos solares se imponen.

Vuelve todo a la normalidad, es la hora de la Resurrección, del Encuentro de la madre con su hijo, de la virgen de La Paloma, del escarnio de la crítica focalizada en las Aleluyas, otra de las tradiciones incomprendidas a ojos de los foráneos que habéis revitalizado en los últimos años, fiel reminiscencia de la viñeta didáctica más mordaz.

Aleluya que, de historieta arcaica de temática cristiana, ha desembocado en alabanza pagana de los sucesos más absurdos acaecidos durante todo un año litúrgico.

Y así, mientras unos participan  activamente en el cortejo fúnebre de vuestras procesiones de forma solemne, otros se acercan como espectadores para impregnarse del ambiente íntimo y respetuoso que desprenden los penitentes, con la conjunción de sonidos rítmicos que emiten abrazados entre los destellos de la penumbra de la noche.

Los actos que organizáis durante la Semana Santa han alcanzado un sello de máxima calidad, dentro del rico y variado patrimonio cultural inmaterial que todavía conservamos en la Sierra de Albarracín, de tal manera que atraen cada año a todo un turismo cultural de variado espectro, uno más de los logros que hay que anotar en vuestro haber.

Deseo que este humilde preámbulo a estas Jornadas sea un sentido homenaje in memoriam a Piedad Dobón Garrido, una de las firmes impulsoras desde sus inicios de la cofradía de Santa Bárbara de Bronchales y de los eventos culturales.

Seguro que en su fría y solitaria estancia percibirá el calor de todos los aquí convocados y sentirá emocionada el apasionado eco del sonido de vuestros tambores, bajo la atenta protección de Santa Bárbara, referente religioso de primer orden de Bronchales.

Patrona de mineros, ejércitos, artilleros, bomberos, de agricultores angustiados por el turumbaque de nubarrones a punto de descargar el amenazante pedrisco sobre sus florecientes campos y también patrona de vosotros, los cofrades, que rasgáis las nubes del firmamento con vuestros horrísonos toques.

Así lo pregona el estandarte de vuestra hermandad bautizado bajo la advocación de Santa Bárbara, que con pasión contenida el orgulloso heraldo Juan Villalobos porta desde vuestros orígenes.

Con la esperanza de que el atronador sonido de vuestros tambores ahuyente las malos augurios que nos amenazan, en especial de esa nociva y desgraciadamente cada vez más cercana enfermedad del cáncer. Mucho ánimo a los valientes y heroínas que lucháis frente a frente contra esta lacra.

Que vuestros tambores nos protejan de los que impunemente roban nuestros bienes e invaden nuestra paz. Que sean un antídoto, un reclamo, frente a la despoblación que devora nuestros pueblos.

Que vuestros tambores no doblen o toquen a muertos o a difuntos

Que repiquen o tañan con cierto compás en señal de fiesta o regocijo. Dos últimos deseos:

Dice un antiguo refrán:

Líbranos de las tormentas Santa Bárbara bendita

Que para eso estás en la ermita

Sobre todo líbranos de los espíritus atormentados, de las mentes cautivas…

Y a todos vosotros, sobe todo a las autoridades aquí representadas, os encarezco:

Que no nos acordemos de Santa Bárbara, sólo cuando truena

Sea.

Juan Manuel Berges Sánchez, 25 de marzo de 2017

Programa del Encuentro.

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Imágenes del Acto

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Composición fotográfica de Turismo Bronchales

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Fotografía de Turismo Bronchales

Exaltación de Tambores y Bombos en Bronchales

Vídeo realizado por Fos Films publicado en Youtube el 26 de Diciembre de 2011.

Vídeo-reportaje del Encuentro de Aragón Abierto

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